miércoles, 7 de septiembre de 2016

Trabajo Práctico Final de la Etapa 3: Hora de usar la imaginación… escribimos nuestra microhistoria.
Aquella tarde de 1986 marco mi vida, como si el destino estuviese marcado en lo más profundo de mi corazón .Mi madre tenía un pequeño comercio, una mercería, en la habitación al frente de la casa de mi abuela Yolanda, con paredes muy altas color violeta claro, un ventanal grande que daba al este, con vidrios de colores que cuando alumbraba el sol parecía que un arcoíris entraba por allí todos los días, unos piso blancos y negros formaban un gran tablero de ajedrez muy resbaladizo el cual utilizaba (sin la autorización de Esther, mi mama) para jugar a las patinadas.
En un momento en el que estaba en el piso, sonó el timbre del negocio y acudí a abrir la puerta, me encontré con una pequeña niña de mi edad, unos siete años, con su cabello renegrido ,brilloso, recién lavado y peinado, con un aroma floral a jazmín, con dos colitas rosadas que lo adornaban, hermosa, me observo tímidamente  y me dijo: mi mama necesita dos bobinas de hilo azul marca cadena (que venía en aquel entonces en carreteles de madera), quedé mudo, salí corriendo a llamar a mi madre y espié por la cerradura de la otra puerta de pinotea todo lo que sucedía, la nena compro el hilo y se marchó. Sentí algo en mi estómago que no pude descifrar en aquel momento.
Pasaron unos diez años y me reencontré por casualidad en un cumpleaños de quince con ella, la reconocí de inmediato, ya no era una pequeña sino una hermosa mujer, conocí su nombre se llamaba Nilda.
Después de un tiempo de amistad, nos pusimos de novios y en 1998 con dieciocho y diecinueve años nos casamos. Como yo trabajaba muchas horas en la curtiembre y ella también algunas horas semanales de empleada doméstica, y observando el entusiasmo,  las ganas de estudiar que Nilda tenia, insistí en que ella dedicara tiempo a estudiar y cumplir su sueño, ser DOCENTE DE NIVEL INICIAL. Comenzó sus estudios terciarios en la escuela Normal N° 30 “Domingo Faustino Sarmiento”.
Cursaba las materias durante 6 horas diarias en el turno de la tarde y noche, al pasar dos meses de la carrera ya no estudiaría sola, en su vientre nuestro pequeño Alejo la acompañaría durante el año lectivo. Pasaron cuatro años de largas horas de cursado, estudio y trabajo y alegremente en diciembre de 2005 se recibió, con unos de los mejores promedios de su promoción.

Durante varios años de reemplazos en diferentes instituciones educativas de la ciudad de Esperanza, logró en el 2016 a la edad de treinta y cinco años titularizar en un cargo itinerante en las zonas rurales de Ataliva sur y Colonia Galisteo (departamento Castellanos) en las cuales recorre diariamente 180 kilómetros para dictar clases, levantándose a las 5 y 30 de la mañana y regresando a su hogar a las 18 y 30 horas. Además de ocuparse de la educación de los pequeños, se preocupa, por las necesidades de alimentación, ropa y salud. Siendo para mí , y para sus alumnos un referente excepcional.

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